martes, julio 23

Alta tecnología decimonónica (I)

Trabajo en una unidad de hospitalización donde no hay registros informáticos de enfermería, todo son papeles. Lo digo así de despectivo porque son fotocopias de fotocopias de fotocopias, torcidas y emborronadas, tanto los registros como las hojas de tratamiento. Las incidencias se escriben en folios, eso sí, de papel reciclado. Todos estos papeles bailan constantemente dentro de una carpeta con gomillas, alegremente, se traspapelan, se desordenan, se pierden, se arrugan,...
El aparato de tomar la TA, que procede del anterior hospital que se cerró en 1993, es tan antiguo que no hay repuestos de batería, con lo que hay que agacharse en cada habitación para enchufarlo y desenchufarlo -y yo con lumbago-. 
El aparato de EKG es de la Señorita Pepis, edita rollos imposibles de enderezar y no hace tira de ritmos.
El pulsioxímetro hace juego con el tensiómetro en cuanto a batería y pesa cerca de cinco kilos. Por lo menos el tensiómetro tiene ruedas.
Todo esto no me produciría tanta nausea si no supiera que con la productividad de cualquier directivo podría renovarse tanta mierda decimonónica.

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