viernes, marzo 8

La auditoría

Mi súper está muy comprometida con la organización, sí, y no como yo que soy un renegado y un descreído. Es tanto el compromiso -a cambio de un plato de lentejas le digo yo para sacarla de quicio- que se ha llevado dos semanas de los nervios preparando la unidad para hacer un "buen papel" ante una auditoría. Ordenó protocolos, revisó materiales, alertó al personal que estaría de mañana el día de la visita,...Hasta mandó limpiar el polvo de los altillos de las vitrinas. Además, "invitó" a una de sus amebas afines a que estuviera presente -sin tocarle trabajar ese día- para echarle una mano en lo teórico, y tengo que decir que a mí tanto ensayo de la performance  me estaba recordando algo y no sabía bien qué, aparte de producirme mucho rechazo, todo hay que decirlo.
Cuando llegó el "gran día" la ameba afín estaba allí a las 8 de la mañana junto a mi inefable y nerviosísima súper, preparadas con tiempo no sea que llegaran los auditores muy temprano y las pillara en bragas en algo. Dieron las 9, y la 10 y las 11, desayunamos, pusimos el tratamiento de las 12 y nada, ni noticia de los auditores de marras, y los maquillajes y lacas perdiendo frescura cuando, por fin, llegaron los esperados señores. Eran las 12 y media, saludaron, se dieron un paseo hasta la mitad la unidad, hicieron un par de preguntas  generales y poco comprometidas y se largaron. Dicen que a coger sitio en un restaurante de lujo de la zona con cargo a las dietas para gallifantes que no han sufrido recortes en el SAS, al parecer. Como dicen por aquí, una entrada por una salida, vaya. 
Como en 'Bienvenido mister Marshall' me dije una vez caí en la cuenta de a qué me recordaba todo aquel montaje. En el fondo poco ha cambiado en este país desde lo de aquella película.

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