jueves, abril 29

Docencia, por caridad

Érase una vez una escuela de enfermería que pertenecía orgánicamente a un viejo hospital público de una pequeña ciudad de provincias. Celadores, administrativos, enfermeras y médicos lo llevaban para adelante organizando la docencia la gran universidad de una provincia lejana. Las prácticas de los alumnos eran dirigidas por las mismas enfermeras-profesoras que delegaban en sus compañeras del hospital la tutela y el aprendizaje de aquellos.

Pero la pequeña ciudad creció tanto que llegó a tener su propia universidad que terminó engullendo orgánicamente a la vieja escuela de enfermería, y así las enfermeras-profesoras se convirtieron en Señoras Profesoras y dejaron de ir al hospital.

-¿Qué hacer ahora con los alumnos y sus prácticas?-, se preguntaban preocupadísimas por las aulas y pasillos.

Pero los sabios de la nueva universidad eran tan listos que lo arreglaron rápidamente. Redactaron largos textos que pocos conocieron y menos aún entendieron de forma que todo siguiera como antes en apariencia. Las enfermeras del hospital, a las que llamaron amebas por tener que desdoblarse y trabajar por dos, se encargarían de adiestrar a los alumnos trabajando con ellos ‘a pie de cama’, ya que estaban allí. Pero, claro, algo fallaba y es que aquellas amebas no eran ‘nadie’ para enseñar pues no pertenecían a la universidad, y fue entonces cuando los sabios reunieron a un grupo de amebas avejentadas, huy perdón, aventajadas y las entronizaron como Profesoras Asociadas-Clínicas a las que pagaron 30 monedas de plata pero sin tener que enseñar nada, que ya para eso estaban las gratuitas amebas.

Y así lo vinieron haciendo año tras año sin que las amebas supieran de los textos redactados ni de las monedas de plata pagadas. Y año tras año los alumnos de la escuela aprendieron, pagando sus monedas de plata también, en unas prácticas que las amebas les daban por caridad.

Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado.


Nota del bloguero. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.


4 comentarios:

Xosé Manuel Meijome dijo...

Lo peor de todo es el compromiso ético en el que te meten... pues, por lo menos yo, no me he sentido capaz de ignorar a l@s alumn@s...

Ahora por lo menos tengo un carnet de la universidad que me vale para ir a la piscina gratis... me resulta una retribución más que suficiente.

Florencio Ruiseñor dijo...

Xosé, yo supe que mi supervisora ganaba 300 euros al mes, desde la comodidad de su despacho, por evaluar arbitrariamente el aprendizaje de unos alumnos a los que yo adiestraba sacando tiempo de donde no lo tenía, y sólo con saber esto se acabó mi compromiso ético con los alumnos, a los que trato con amabilidad y buen rollo pues ellos son víctimas del sistema igual que yo.
No estar reconocido por ningún estamento -hospitalario ni universitario- de tal actividad nos convierte es responsables exclusivos de cualquier error cometido por los alumnos sobre tus pacientes. Recuerda el caso del bebé que murió porque le dieron nutrición enteral por vía intravenosa en Madrid. Se cepillaron fulminantemente a la enfermera que lo hizo y durante unos días también a la compañera que presuntamente supervisaba su trabajo. Si los jefes te tratan así cuando estamos en situación legal de enfermeras tituladas y contratadas piensa qué pasaría si esto te ocurre con un alumno de la escuela. Yo desde luego tengo claro que mi compromiso con los alumnos no contempla un escenario de verme expedientado o suspendido de empleo y sueldo o incluso en la cárcel por negligencia mientras mi supervisora, que es profesora asociada clínica se toma un café tranquilamente mientras comenta cariacontecida los hechos con quienes le pagan los 300 euros cada mes por no hacer casi nada. Va a ser que no, que en el SAS no nos dan ni el carné de la piscina, vaya.

Tona dijo...

Comparto la reflexión de Florencio Ruiseñor, el tema se las trae.A mi directamente me cortaron la cabeza, vamos me tiraron de coordinadora de un Centro de Salud porque me plante ante la profesora de la Escuela, las enfermeras del Centro teníamos que supervisar a las estudiantes, pero nadie en el Centro era tutor/a responsable. Yo no entendia nada, además había estudiantes de "Erasmus".
Pero claro está que la culpa es nuestra.

La coordinadora que había antes de llegar yo, bastante cortita desde el punto de vista de formación y demás, la habían comprado, les hacia el papel, haciendo que las enfermeras del Centro de Salud "atendieran " a las estudiantes a cambio de "cosas" para ella.
Lo más gordo del tema no es que a mi me cortaran la cabeza directamente, es que quién lo hizo es/era una profesora del ala progresista, no sé "quién"estaría detrás de ella.

Y colorín colorado estas son las Escuelas de Enfermería que tenemos, así nos va y así nos seguiremos.Y esto no es un cuento, es la pura realidad.Mientras consintamos.

Florencio Ruiseñor dijo...

Desde luego que la culpa es nuestra porque nuestro consentimiento se basa su fuerza. Tendrá que morir alguien y saberse públicamente para que nos asustemos todos y pongamos freno a esta chapuza.
Del presunto progresismo del las EUE me 'jarto' yo de reír...por no llorar.