domingo, marzo 21

Mi jefa recorta mis retribuciones

Así es, y cada año será más. Me ha metido en su despacho y, como al resto de compañeros, ha procedido, sin que yo se lo haya pedido ni me apetezca, a explicarme su particular percepción de mí como profesional. Hay que aclarar que de sus siete horas de jornada laboral dedica tan sólo unos minutos al día a visitar la unidad pues su apretada agenda de reuniones y llamadas de móvil le impiden estar más tiempo, por lo que sus percepciones del personal se basan en lo que le cuenten sus topos y/o lugartenientes en la unidad. Y según esto soy un enfermero bastante aceptable pues me evalúa con sobresaliente pero, ay, que como no hago cursos en mis horas de descanso laboral pues me rebaja la nota a un notable bajo.
Este año la evaluación arbitraria de las supervisoras será un 20% del total de productividad pero la tendencia es que llegará al 40% en breve, por lo que casi la mitad de estas retribuciones estará en manos de estas señoras y señores. Y tal como se ve, con este complemento no se trata de premiar sino de castigar a quienes, como yo, no hagan cursos -da igual de qué traten, el caso es hacerlos- en horas de descanso.
Tan sólo añadir que las empresas tienen obligación de formar a sus trabajadores en horario laboral.


jueves, marzo 4

Testamento Vital

Érase una vez un abuelete de ochenta y pico de años aquejado de un linfoma no Hopkins desde hacía varios. La enfermedad no le había tratado mal del todo pero había desarrollado una adenopatía faríngea de tal tamaño que le estaba comprometiendo la vía aérea, motivo por el cual ingresó en el hospital. La 'papa' sólo tenía un tratamiento paliativo con quimioterapia sin garantía ninguna de éxito y mientras tanto precisaría de una traqueostomía para aguantar hasta el fin del tratamiento. Ante tal perspectiva nuestro abuelete decidió, en plenas facultades mentales, que no quería verse en ese escenario de agujero en la garganta, soltando mocos sin parar, sin hablar y soportando el enésimo ciclo de quimioterapia, para al final morirse igualmente. Y así se lo hizo saber a los señores facultativos.
Pero a espaldas de él, éstos acordaron con los hijos de este pobre abuelete que cuando llegara el momento y perdiera la conciencia por hipoxia procederían a traqueotomizarlo. Y así pasó.
Un buen día, se despertó sin habla, respirando por un agujero en el cuello, con un cable clavado en la ingle y muy decepcionado. Y cansado, muy cansado. Al mes siguiente le administraron la quimioterapia a partir de la cual cayó su salud en picado y una noche murió en su cama de hospital, en silencio, sin darse cuenta sus hijos.
Y colorín colorado este cuento se ha acabado.

Y yo me pregunto ahora qué validez tendrá un testamento vital, que no es más que un papel, cuando la voluntad de alguien que la está expresando antes de morir es despreciada de esta manera.