lunes, febrero 1

Sintiéndola próxima.

Las siete de la mañana, la hora de activarse tras la larga noche de timbres de llamada. Preparándolo todo para las numerosas analíticas recordó con fastidio la actitud de encarnizamiento terapéutico adoptada con aquel paciente terminal al que habían estado durante la noche aumentando dopamina, midiendo PVC e infundiendo expansores alargando absurdamente la agonía del paciente y el sufrimiento de la familia. Tras seis horas en gasping aquel pobre hombre falleció.
De camino para otra habitación, con la bandeja llena de tubos y jeringas, comenzó a oír lamentos y sollozos pero al ver que otra compañera los atendía siguió su ruta de extracciones. El joven reposaba sobre la cama, despierto por los llantos que provenían de la habitación contigua y, al verle entrar con la bandeja, le acercó, como cada mañana, el extremo del catéter de Hickman para ayudar en la extracción. Cuando terminaba, lo miró para devolverle la sonrisa con la que cada mañana le recibía el joven paciente, encontrándose esta vez con la mirada de pánico del muchacho atemorizado por los lamentos del duelo cercano.
Mientras repartía la sangre pensó que aquella expresión, la de un joven que siente cercana la muerte era de las cosas más terribles que había vivido en todos sus años de profesión. Y de las que nunca podría borrar de su mente.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Se hace bastante difícil, trabajo en unidad de paliativos y jamás me acostumbraré más no quiero acostumbrarme tan solo me adapto porque mientras se decida seguir alargando la vida en situaciones tan extremas y absurdas no me quedará otra que hacer gasping yo misma!
Un saludo!
Una ameba :P

Florencio Ruiseñor dijo...

Sí que es difícil, yo me conformo con poder mantener la barrera para que estas imágenes no pasen de la cabeza al corazón, y seguir pudiendo desconectar. Y sobre todo espero no tener que estar hasta los 67 en este plan, que sería 'mu fuerrrte'.
Saludos.