miércoles, diciembre 23

Encuestas de satisfacción

"A partir de la consideración estratégica de situar al ciudadano como centro del sistema sanitario, se comenzó en el año 1999, a realizar las encuestas de satisfacción de usuarios, con la finalidad de medir y analizar las percepciones que los ciudadanos y usuarios tienen sobre la situación general y sobre las prestaciones sanitarias del Servicio Andaluz de Salud".
He extraído esta parrafada tan preciosísima de la web de la Consejería de la Cosa. A mí, que me costó bastante rebautizar a los pacientes/enfermos como 'usuarios' ya os podéis imaginar el trabalenguas mental que se me lía cuando al acercarme a una cama hospitalaria rodeada de bombas de perfusión entorno a una persona enferma de verdad, tengo que pensar en la palabra 'ciudadano'. (Yo creo que me debo estar embruteciendo, como aquél que aprendió a decir 'pinícula' cuando ya se decía 'flin')
A lo que iba, a las encuestas. Debe ser que es verdad lo del ciudadano/eje del SSPA porque en la planta nunca, y no es ninguna exageración, repito, nunca faltan folletos de encuestas. Nos podemos quedar sin catéteres, sin algodón, sin apósitos, sin sueros, etc., incluso sin camas, que pasa mucho eso, pero sin encuestas, va a ser que no. Y es que no podemos olvidar que el ciudadano bla, bla, bla,...
Como sea que nadie se cree obligado por sus funciones el repartir al alta las dichosas encuestas, ¿a quién se lo endosan finalmente?, como no podía ser de otra forma, a las enfermeras amebas del SSPA. Pero hay tanto trabajo en las plantas que muchas veces nos enteramos de las altas cuando el enfermo, perdón, el ciudadano/eje está ya en su casa, así que cuando las supervisoras se ponen tan pesadísimas agarramos unos cientos de folletos y los tiramos, eso sí, al contenedor de papel reciclable simulando la entrega de encuestas, en un acto de legítima supervivencia.
No es mi caso, que me da tiempo a entregarlas, mi caso es distinto. Mis ciudadanos/eje se van de alta enfermos para mucho tiempo y con sus familiares padeciendo duelo anticipado. Al principio les entregaba el folleto al que miraban con auténtico desprecio, pero cuando percibí que la mirada de desprecio empezó a dirigirse también a mí, decidí, como el resto de compañeros, tirarlos de cien en cien al contenedor de papel reciclable.

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