viernes, mayo 8

Hálito

Después de nueve horas de turno de noche comienza el sprint final de sacar sangre. Son las siete de la mañana, o más bien de la madrugada diría yo por el mal cuerpo que tiene uno en esos momentos, y ha llegado el momento de despertar a aquellos agraciados con el premio Aguja En La Flexura y condecorarlos debidamente. Así que entramos bandeja en mano, encendemos la luz de cabecera y damos los buenos días (¿?). En ese momento el educado paciente, que había mantenido su boquita cerrada durante toda la noche, la abre para responder al saludo en voz baja para no despertar al compañero de habitación.
- Buenos díaaaas-, exhala dejándose caer en la "a".
Bruscamente nuestro olfato nos alerta de un ataque químico-biológico pero ya es demasiado tarde, nos hemos agachado a palpar el brazo y nuestra cara se encuentra tan sólo a 20 centímetros de aquella suerte de cloaca con dos labios y algunos dientes. No nos queda otra salida que tirar de la técnica para no vomitar ni desmayarnos en la habitación y tirar p´alante finalizando la extracción. Nos despedimos educadamente del paciente esta vez con la precaución de hacerlo con una separación de seguridad para esquivar el nuevo ataque mortal.
- Hasta mañanaaaa-, dispara de nuevo el paciente con su arma de destrucción masiva.

2 comentarios:

Descalza dijo...

jajjajajajj

A mí me pasa igual;

-buenos días, ¿de qué quiere el zumo?
-de piñaaaaaaaaaaa

Florencio Ruiseñor dijo...

Lo tuyo se arregla ofreciendo café o té, jejeje.